¿Qué hacer con un antojo persistente, sin dejar de comer? | Que Estés Bien
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¿Cómo hacer con un antojo persistente, sin dejar de comer?

¿Qué hacer con un antojo persistente, sin dejar de comer?

Por muchos años me ha sido difícil dejar de comer pan y comprender el porqué del antojo. Primero pensaba que comer pan y esa serie de pastelitos de harina refinada me engordaban, luego entendí que lo grave era que me causaban ciertos malestares estomacales e inflamación. Pero aún así los volvía a buscar.

Un buen día, empoderada con más información, decidí intentar alejarme de mi rico pan de yema y chancay, empecé a buscarles reemplazos más saludables (galletas de arroz, panes integrales con semillas, panes con harinas sin gluten como  la de camote, yuca, cañihua, etc) y con el tiempo desaparecieron de mis desayunos, pero sin sentir una radical restricción. También recordé que el pan fue uno de los alimentos más presentes en mi infancia y había cierta nostalgia al comerlo. Quizá por eso me costaba dejarlo ir.

 

Así que a medida que mejoraba mi alimentación, el proceso para “soltar el pan” era más fácil. Y sobretodo, si por ahí quería volver a probar un pan calientito de yema, la culpa empezaba a desaparecer y el disfrute era distinto, por lo tanto la asimilación de mi organismo también.

Cuando intentas cambiar un hábito…

Estoy convencida que mi proceso no hubiera sido posible sin esta secuencia natural:

  1. Conciencia de este antojo y sus consecuencia negativas en mi salud
  2. Decisión,  hacer algo para dejarlo
  3. Paciencia conmigo misma cuando me auto-saboteaba y recaía
  4. Constancia para seguir, sin importar la recaída

 

Por eso empecé a observa mi cuerpo, lo que comía, cómo me sentía antes y después de desear un pan, mis carencias y comportamientos, para encontrar las causas escondidas de este antojo. El cual no es una debilidad,  sino un mensaje de tu cuerpo, con el objetivo de ayudarte a volver a tu equilibrio.

 

¿Qué puede causar un antojo?
  • Un conflicto interno o emocional. Estar estresada, aburrida o insatisfecha en una relación o con tu rutina de ejercicios, inconforme con tu trabajo. Estas situaciones pueden causar ganas emocionales de comer. El alimento sustituye un deficiencia emocional. Muchas veces ligada a la infancia.
  • Falta de agua. La deshidratación se puede manifestar como un ligero hambre.
  • Los alimentos frescos, crudos como frutas y vegetales nos vienen bien en verano, mientras que en invierno se nos antojan alimentos cálidos como carnes y grasas. A mí de da por carbohidratos.
  • Durante la menstruación, embarazo o menopausia, los niveles fluctuantes de testosterona y estrógenos nos ocasionan antojos específicos.
  • Falta de nutrientes. Una nutrición deficiente produce antojos por formas no saludables de energía, como la cafeína o chocolates.

Sin embargo, es muy importante saber diferenciar entre un antojo  (hambre emocional) y una necesidad real de hambre. Puedes empezar por preguntarte, ¿qué quiere mi cuerpo y porqué?, además estar alerta a estas características:

 

Diferencia entre el hambre real y el hambre emocional o antojo

 

Cuando aprendas a reconocer la diferencia, podrás pasar a pensar en sus posibles causas y en algún momento decidirás hacer algo al respecto.

 

Los antojos estarán ahí, pero debes observar su causa e intensidad y preguntarte ¿Realmente necesito esto (nombra antojo de qué tienes) en estos momentos?, si finalmente no es nada que dañe tu salud, sabrás disfrutar ese antojo, sin culpas. Cambia tu percepción de que hay alimentos malos o buenos, sólo debes encontrar los más útiles para ti en ese momento de tu vida.

 

Este proceso es el camino de la salud, que se recorre de a pocos y con paciencia.

 

Que estés bien

 

Carla

 

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