Cómo logré curarme de la rosácea sin más medicamentos | Que Estés Bien
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Cómo logré curarme de la rosácea sin más medicamentos

La rosácea y yo tuvimos una relación de amor – odio durante los últimos 13 años aproximadamente, y mi gran aprendizaje de esta “enfermedad incurable” ha sido: aprende a gestionar tus emociones, honra tu cuerpo y tu alimento.

 

Recuerdo que en el 2004 visité a la primera dermatóloga, nunca había tenido acné y de pronto tenía unos granos dolorosos y grandes, las mejillas rojas y calientes todo el tiempo. Su diagnóstico fue dermatitis seborreica, me mandó pastillas y cremas controladas a base de corticoides. Bajaron los granos pero las mejillas seguían rojas y el calor empezaba a molestar mi vista.

 

La verdad es que no recuerdo por cuántos más dermatólogos pasé y lo peor es que yo seguía sin hacer más que consumir pastillas super fuertes y más cremas a base de corticiodes. Todo esto en piloto automático.

 

Vi la luz

4 años después llegué al último dermatólogo que visité en mi vida, el dr. Small en la Clínica Mesón de Santé y él me  dijo algo que me dibujó un signo de interrogación enorme en mi cara roja: ¿Cómo es tu carácter normalmente, reniegas, te estresas, haces mucha cólera?

Yo respondí: sí creo…a veces…creo que todo el tiempo.

Me dijo que el estrés también nos pasa factura y me recetó una crema sin corticoides (los corticoides habían debilitado mi dermis y evidenciado más la rojez), una pastilla sólo hasta que desinflamen los granos, un bloqueador grasoso, evitar alimentos irritante y el sol. ¡Ah sí!, y que era una enfermedad incurable así que me resigne. Mi autoestima cayó al subsuelo.

rosacea

*No cuelgo fotos con mi rostro enrojecido, simplemente porque las evitaba, me sentía fea como para tomarme una.*

 

La verdad es que ese tratamiento me ayudó y mejoré mucho, pero lo que más me ayudó, porque fue como un chispazo de consciencia, eran esas preguntas: ¿Qué pasaba con mi carácter que estaba afectando mi salud?.

 

Luego me volví una seeker

Esa interrogante me llevó a un homéopata, sesiones de Ayurveda y mil terapias alternativas más. Todas me ayudaron y me daban como pistas para llegar a la siguiente.

 

Cuando estudié health  coaching, entendí mejor ese enfoque de la medicina integrativa, del cual ya me habían explicado en  el Ayurveda: no puedes ver a tus dolencias de manera aislada, tú eres una unidad. Por lo tanto debes ir más allá de las especialidades concretas que aborda la enfermedad desde un único órgano, para establecer una conexión interdisciplinaria, en este caso: La piel – el intestino.

 

Tu segundo cerebro

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En tu intestino hay 3 protagonistas: la mucosa, las bacterias intestinales llamada flora y  el 70% de tu sistema inmune. A este trio se le conoce como tu segundo cerebro.

 

La mucosa: recubre tu intestino y al inflamarse (por bacterias patógenas, algunos medicamentos, estrés, toxinas ambientales, niveles elevados de azúcar en la sangre y alimentos inflamatorios que irritan el intestino como el gluten y los lácteos) puedes llegar a desarrollar un intestino permeable, es decir la mucosa débil deja pasar toxinas directo a la sangre. ¿Y a que no saben las consecuencias? : dolores articulares, dolores de cabeza, problemas cutáneos, como acné, la rosácea, psoriasis o la dermatitis atópica. De hecho, hay investigaciones documentadas que evidencian que pacientes con psoriasis pueden ser celíacos o tener intolerancia al gluten, lo que causa el sufrimiento y la inflamación de la mucosa intestinal.

 

La flora: son las bacterias que viven en el intestino, y cuando la proporción de bacterias se altera y desequilibra  aparece una disbiosis, que produce muchas molestias digestivas e intestinales, como hinchazón, gases, estreñimiento o diarrea.

 

Sistema inmune: el intestino aloja al  70% de nuestras células inmunes.  Cuando está desequilibrado, debido a  una pobre alimentación, poco descanso y ejercicios o  a  factores emocionales (es altamente sensible a ellos), muchas enfermedades aparecen:  autoinmunes (celiaquía, fibromialgia, lupus, rosácea…), alergias, infecciones, etc.

 

 

Como muchos investigadores, David Perlmutter, neurólogo y autor del libro, Cerebro de Pan, señala que el cerebro digestivo, conocido también como  Sistema Nervioso Entérico, está conectado de manera bidireccional con tu cerebro a través del nervio vago,  es así que lo que comas también afecta su estado de ánimo, tu libido e incluso tu percepción del mundo y la claridad de tus pensamientos. Un intestino disfuncional podría ser la raíz de esos dolores de cabeza, ansiedad, incapacidad para concentrarse o incluso una perspectiva negativa de la vida.

 

El intestino  produce casi el 90%de seretonina y dopamina, los neurotrasmisor del bienestar y felicidad.

 

Perlmutter cuenta que muchos neurólogos y psiquiatras se están dando cuenta de que ésta puede ser una de las razones por las que los antidepresivos a menudo son menos efectivos en el tratamiento de la depresión que los cambios dietéticos adecuados.

 

Adiós rosácea

Cuando fui limpiando mi alimentación, mi cara se fue limpiando también. Porque no sólo era la rosácea en las mejillas sino también una especie de dermatitis en la frente (ay no sabes cómo sufria!!!!).

rosácea

 

En mi caso, ciertos lácteos, menestras, harinas con gluten me producen gases y si lo dejo pasar y continuo en piloto automático se nota en la textura de mi piel, los poros y erupciones. Pero lo que sí marcaba  diferencia  en mi piel era un estado de ánimo positivo y la tranquilidad.

 

Entonces entendí que la rosácea dependía de mis niveles de dopamina y serotonina, y que era vital una alimentación con más comida real y menos procesados para tener una buena salud digestiva, pero ¿qué otras cosas me daban felicidad, calma y bienestar?

 

La meditación en mí hizo milagros, al igual que estar pendiente de equilibrar mi energía. Estas 2 herramientas hicieron finalmente, que nunca más necesitara usar cremas, pastillas o productos específicos para la rosácea.

 

Salir de ese círculo vicioso, rosácea – mala digestión – reactividad  fue un gran aprendizaje, y esta enfermedad auto-inmune mi bendición.

 

Por eso, si me descuido y se suman: malas decisiones al comer y mucho estrés, me sale un granito de rosácea en la cara, para recordarme qué es lo debo de hacer para restablecer mi equilibrio físico-emocional: Oír a mi cuerpo y actuar a favor de él.

 

Espero que mi historia y la información de este post te ayuden, quizá estás pasando por lo mismo y creas que los medicamentos son la mejor o única opción. Ya haz visto que no es así, no subestimes el poder de los alimentos y menos las llamadas de atención que envía tu cuerpo.

 

 

Escríbeme si necesitas saber más, estoy aquí para ayudarte!

 

Te mando un beso

 

Carla

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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